¿Cómo se crea en las personas la conciencia social y sostenible?

¿Cómo tomar conciencia por el medioambiente, por las condiciones de trabajo de otros, por la consideración y aprecio hacia los animales?

¿Cómo y cuándo sentimos la necesidad de cuidarnos a través de una alimentación natural?

¿Qué es lo que genera nuestro compromiso con el entorno más inmediato y con el planeta? ¿Por qué sentimos el deseo de mantener, cuidar, proteger y preservar  la vida, y mejorar  el mundo? ¿Para qué reciclar si no nos reporta beneficio y nos demanda esfuerzo?

Vida, planeta, naturaleza, medioambiente…. conceptos tan abstractos y lejanos!  Cosas que no son tangibles, que no llaman a tu puerta para pedir atención, que no hay ley que nos obligue a tener en cuenta y que nadie nos exige ni nos agradece.

Entonces… ¿qué es lo que explica que cada vez más esta conciencia esté calando entre personas de muy diferente ámbito, procedencia, profesión e intereses?

Este verano me dio por preguntarme  estas cosas. Google no supo responderme, así que me busqué la vida pensando. Las conclusiones no son un tratado de sabiduría, ya me gustaría, pero por si te sirve de algo, comparto contigo estas reflexiones de una tarde de verano. Aviso: son incompletas y personales.

Primero, un acercamiento a las 3 cosas que me parece que vienen de serie en una persona susceptible de adquirir esa conciencia:

    • Un sustrato personal de predisposición por los débiles, por lo frágil, por la inocencia, por lo justo; una predilección irrefrenable por los buenos sentimientos a pesar de las decepciones y la constatación continua de su poca utilidad; un impulso natural hacia lo que construye, lo que es coherente, lo que une, lo sencillo y, como seres sociales que somos, a eso del compartir.
    • Un radar antimotos, o sea, un espíritu crítico capaz de ver un poco más allá y un poco más en global. Por ejemplo: camisetas a tres euros. La diferencia en el precio la paga alguien o algo, generalmente la calidad de la prenda y la explotación del trabajador que la confecciona. A eso me refiero con visión crítica.
      Este radar nos sirve también para no dejarnos embaucar por las palabras “bio”, “artesanal”, “ecológico”… que aparecen cada vez más en la tele.
    • Empatía y sentimientos igualitarios. También me parecen básicos. La capacidad de reconocer y tener en cuenta qué sienten los otros, de manera que nos movilice porque nos afecta y nos preocupa, es el primer paso hacia la conciencia. Igual que el íntimo convencimiento de que todos merecemos el mismo respeto y todos formamos parte de la misma cosa: la naturaleza, el mundo, la vida.Creo que sin que los demás nos interesen no hay camino posible, y sin respetar la vida el posible camino se hace peligroso.

Me parece que estas características están presentes en el 99’9% de las personas con conciencia. El 0’1% restante lo forman aquellos que la adquieren por interés:  porque vende, por responsabilidad social corporativa mal entendida, por ser guay y pertenecer a un grupo atractivo, o porque es una moda.

Todo esto pensaba yo pero me faltaba encontrar algo que pudiera explicar el salto, el tránsito hacia la toma de conciencia social y sostenible “consciente”, no sé si me explico. Y, para tratar de descubrir las claves recurrí a mi experiencia de novata en este bonito mundo de la sostenibilidad.

En mi caso, la distancia la he recorrido leyendo.

Veréis: mi hijo nos dijo un día en la mesa que a partir de entonces “no comería carne de animales muertos”. Menudo flash! Y mi reacción, como siempre que algo me preocupa, fue irme a por libros a la biblioteca.

Leí sobre alimentación vegana y vegetarianismo, recetas, alimentos sustitutivos de la carne, ventajas de una alimentación sana y natural, … y, no sé cómo, llegué a la importancia de reciclar, reducir y reutilizar, seguí por la moda ecológica y las consecuencias de la industria textil tradicional, supe de la explotación y ausencia de derechos laborales de los trabajadores de grandes empresas en países subdesarrollados, me preocupé leyendo las cifras de contaminación de tierra, mar y aire, aplaudí el comercio justo y me identifiqué con el consumo responsable.

Todo ese poso teórico está sedimentando.

Estoy usando productos de limpieza que contaminan menos, reciclo todo lo que puedo y más, controlo el gasto inútil de agua, luz, gas y teléfono, compro menos ropa, zapatos y accesorios y los elijo atemporales y ecológicos, me he hecho militante de la compra de km. cero y me intereso por conocer la trazabilidad de los productos; nunca he sido caprichosa, sé leer y soy buena administradora, así que voy por el buen camino hacia el consumo responsable. No voy a decir marcas, pero hago boicot a algunas no comprando en sus tiendas ni supermercados (y cuando pienso en el superdaño económico que les hago me parto de la risa pero, oye, me siento bien!).

Estoy en ello, creo que de forma imparable aunque lenta.

Mis decisiones respecto al consumo afectan a mi familia, que por ahora no sólo no se quejan sino que les parece bien (no a todos por igual, también hay que decirlo).  Hasta mis plantas están contentas porque les presto más atención con eso de que soy consciente de que son seres vivos. Ahora por trabajo estoy entrando en un tema relacionado: la construcción sostenible y la eficiencia energética. En mi casa lo han acogido sin alborozo y con cierta aprensión, no sé, creo que ya se ven comiendo con velas y yendo a dormir a la hora de las gallinas!. Ya os contaré.

Y para despedirme me gustaría compartir con vosotros  mi conclusión acerca de lo que es adquirir conciencia: es un acto volitivo (o sea, porque quiero y me da la gana),  individual (soy yo quien adquiere conciencia, quizá mi familia, mis amigos y mi pareja no)  y hedonista (me hace sentir mejor conmigo mismo).

¿Qué opinas?. Admito sugerencias y hasta ruego confirmación.

 

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